martes, 2 de noviembre de 2010

Internet en zonas rurales

Cuando la iniciativa de los usuarios y el servicio de palomas mensajeras ganan a los grandes proveedores de banda ancha.

Hace unas semanas aparecía en multitud de blogs y portales de actualidad una noticia sorprendente: "Las palomas mensajeras son más rápidas que la banda ancha". Con este intencionado titular conocíamos la experiencia llevada a cabo por la Asociación de Proveedores de Servicios de Internet, que reclamaba la mejora de las comunicaciones en zonas rurales de Gran Bretaña. El experimento, mas o menos simple, intentaba comprobar quién era más rápido en la transmisión de un archivo de 300 MB, las palomas mensajeras o la conexión de banda ancha: 10 palomas mensajeras cargadas con dispositivos USB partieron desde una granja en el condado de Yorkshire, en el norte de Inglaterra. A la vez, se comenzó la descarga de un vídeo de cinco minutos. 1 hora y 15 minutos más tarde, las palomas mensajeras habían llevado las memorias a su destino, a 120 kilómetros, mientras que apenas la cuarta parte del archivo había sido descargado.

En los últimos años se han sucedido experimentos similares en otras regiones de Sudáfrica y Nueva Zelanda, y no descartaría que se obtuviera el mismo resultado en muchas zonas rurales de España.

Dejando a un lado estos canales "alternativos" para la transmisión de la información, debería preocuparnos la situación en la que se encuentra el acceso a Internet a través de banda ancha en las zonas rurales y las escasas opciones que nos deja la conexión por satélite, con costes aún elevados. Y en este sentido, hemos conocido los avances de Guifi.net, una red de telecomunicaciones, tal y como se define a sí misma, abierta, libre y neutral que se vertebra a partir de un acuerdo de interconexión entre iguales, donde cada participante, al conectarse, extiende la red y obtiene conexión con todos los demás. Sin duda, esto sí que nos puede interesar.

Esta iniciativa ha logrado extender una red de fibra óptica de 2 km entre tres masías en el municipio e Gurb (Cataluña), diseñada y desplegada por los propios usuarios y sin intervención de ninguna operadora de telecomunicaciones, con un coste de entre 1.500 a 3.000 euros por casa, suponiendo el escenario en el que unas están muy aisladas de otras. Cuando se conecten las fibras, las masías disfrutarán de una red de nueva generación de extremo a extremo, algo que la CMT proyectaba que hasta entre 2020 o 2030 no llegaría a poblaciones de 10.000 habitantes.

Creo que hechos como estos pueden servirnos, en pleno debate sobre la neutralidad en la red, para darnos cuenta de la importancia de la acción ciudadana para garantizar el acceso a la red de redes, desafiando los intereses de operadoras de telecomunicaciones o de determinados sectores políticos y económicos.

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